La historia de la exploración geotérmica en Chile comenzó a principios del siglo XX, cuando una sociedad italiana exploró la zona de El Tatio en 1907, solo un año después del comienzo de la operación de la planta geotérmica más antigua del mundo, en Larderello, Italia.

En 1931, esta exploración materializó la perforación de dos pozos en esa misma zona. Posteriormente, a fines de la década de 1960 el gobierno de Chile, apoyado por fondos internacionales, realizó exploraciones más sistemáticas en las zonas de El Tatio, Pampa Lirima, Puchuldiza y Surire. Estas exploraciones llevaron a positivos estudios de prefactibilidad para el campo geotérmico de El Tatio a mediados de la década de 1970. Sin embargo, a principios de la década de 1980 se suspendieron los estudios estatales relativos al desarrollo de la energía geotérmica en Chile.

En la década de 1990 Enap, junto a socios extranjeros, desarrolló exploración en algunos campos geotérmicos, sin llegar a etapas más avanzadas.

El 2000 se promulgó la Ley 19.657 de Concesiones de Energía Geotérmica, lo que puede considerarse como el comienzo de la nueva era en la exploración geotérmica en Chile. Si bien en la primera parte de la década no hubo mayores avances, a partir del año 2005 diversas empresas chilenas y extranjeras han acelerado la exploración de campos geotérmicos en el país, llegando incluso el 2009 a la perforación de pozos de gradiente y de algunos pozos profundos de exploración.

Durante décadas se ha considerado que Chile tiene un alto potencial geotérmico, debido esencialmente a sus condiciones geotectónicas asociadas a un arco volcánico activo en un límite convergente de placas. Estimaciones señalan que el potencial de generación eléctrica a partir de geotermia en un lapso de 20 años y con la tecnología actual, es de entre 1.500 a 3.600 MW.

Potencial de Generación Eléctrica en Chile